ACOTACIONES DE UN OYENTE

Wenceslao Fernández Flórez
De la crónica parlamentaria que lleva por título “Una visión profética”, del 29 de abril de 1920, destacamos la siguiente sentencia:
“En el Poder, todos hacen lo mismo: nada. Fuera del Poder, todos hacen lo mismo: intentar conquistarlo.”
Veamos ahora el actual contexto en el que aparece:
“En los albores de la “crisis histórica”, he aquí cuál es el panorama político-parlamentario:
Los senadores, esos felices mortales que pueden acreditar una renta respetabilísima, sin la cual no tendría validez su elección, se dividen en dos partidos al debatir la trascendental cuestión de si han de cobrar quinientas pesetas mensuales para subvenir sus gastos de correspondencia. Algunos han llegado a proponer que se les entreguen diez sellos diarios. Ustedes dirán qué se puede esperar de unos señores rentistas que encuentran decoroso acudir todas las mañanas a que la nacióni les entregue seis reales en sellos de correos.
Los diputados han salido de esta preocupación decidiendo sin discrepancias que deben cobrar las quinientas pesetas, y ahora se consagran a una labor de gran interés para la patria: empujarse los unos a los otros para ocupar el Poder después de esa “crisis histórica”.
Los términos en que se refieren al esperado acontecimiento no pueden ser más elevados. Vean ustedes:
El conde de Romanones dice que el Gobierno es un reloj y que no tiene cuerda más que para unas horas.
El señor Allende reconoce que, en efecto, es un reloj y que se le está acabando la cuerda, pero insinúa su esperanza de que el rey le ponga en condiciones de continuar marcando las horas.
El señor Bergamín expresa su desconfianza de que esto pueda ser así, porque cree que se trata de un anticuado reloj de cuco.
El señor García Prieto afirma que es hora de las izquierdas.
De todo esto, ¿pueden hacer ustedes alguna deducción acerca de lo que será la futura “crisis histórica”? ¿Se vislumbró por alguna parte la posibilidad de que un Gobierno fuerte venga a realizar políticamente la labor, abandonada desde hace tanto tiempo, de regir al país?
Lamentaríamos el que hubiese un solo español que se dejase engañar por la solemnidad de esa palabra “crisis”. Aun suponiendo que fuese posible constituir un Gabinete de altura, formado por hombres inteligentes y de buena voluntad, no podría hacer nada útil ni durar mucho tiempo. Los partidos no luchan en España por ningún ideal, sino por la posesióni de los instrumentos de Gobierno. Cuando un grupo los logra, los demás se conceptúan agraviados, defraudados, robados, y se lanzan sañudamente al rescate del Poder. En el Poder, todos hacen lo mismo: nada. Fuera del Poder, todos hacen lo mismo: intentar conquistarlo
[…].”
Y continúa la historia: ante la “crisis histórica” se promete una “renovación” llevada a cabo por un “Gobierno fuerte”. La “renovación” no llega y el “Gobierno fuerte” flaquea. Luego vendrá una “crisis superhistórica”, anticipa el cronista, que saldrá rana, y luego una “crisis fenomenal” y entonces se formará un “Gobierno macho” para enfrentarse a ella. Pero nada. Pasarán hasta nuestros días crisis de todo tipo: la divina, la inefable, la última, la verdadera última… así hasta la suprema crisis. ¿En cuál de ellas estaremos ahora? ¿Se enfrenta ahora a la crisis un “Gobierno macho” o un “Gobierno hembra”?