Fundación Wenceslao Fernández Flórez

8 Agosto 2010

La patada antidiplomática

Arquivado en: WFF Xornalista — magago @ 6:37 pm

O texto que a continuación reproducimos foi un dos lidos na tarde de lecer do pasado sábado día 7 en Villa Florentina. O tema, futbolístico, patriótico… en fin, moi destes días…

O lugar escollido nesta ocasión para a lectura foi un acolledor recuncho ubicado detrás da lareira, ao pé da terraza, e á sombra dos carballos. 

relatos1.jpg

“La patada antidiplomática”

“Me parece necesario que en apoyo de las opiniones expuestas por varios escritores portugueses acerca del peligro de las competiciones deportivas, movamos también los españoles nuestras plumas. Es estúpido permanecer con los brazos cruzados ante un mal que tiene tan fácil cura y del que estamos convencidos de que ha de perseverar y aun agrandarse si no se corta de un tajo limpio y resuelto. Hay que redimir decididamente esos encuentros.

wfernandez_florez1.jpg

La pasión por los deportes -que se exalta, como señaló Spengler, en todas las épocas de decadencia- ha pasado ya las fronteras patológicas de las manías. Cuando su hervor disminuya, la gente verá todo lo que hay de ridículo en las exageraciones de  hoy y se reirá de ellas a carcajadas. El que ahora observe esos fenómenos nada más que con un simple buen sentido se inclinará también al asombro y a la burla. Que un once inflame sostenidamente el fervor de la muchedumbre, que se consideren vinculados en él impulsos espirituales, que un patadista -como los llama la Codorniz- concite devociones no alcanzadas por ningún hombre útil, son ocurrencias que bordean el delirio. Pero innocuas y más bien cómicas. Cuando presentan gravedad, cuando hay que comenzar a juzgarlas con el ceño un poco fruncido, es al proyectarse sobre la delicadísima pantalla de lo internacional.

Los deportes constituyen espectáculos públicos, tienen una parte de industria, viven de ellos muchos seres, cuentan con revisteros y críticos que escriben o hablan por las emisoras de radio. Naturalmente ninguna de estas personas trata la cuestión con el tono simple, frío y mesurado que le corresponde; ninguna dice a quienes la oyen o leen: “Señores: acaba de producirse un gol, pero esto no tiene mayor trascendencia; no se arranquen los pelos ni se entreguen a piruetas jubilosas; se trata de un uego y debe ser, sencillamente, considerado como un juego.”No lo dicen, entre otras razones, porque ellos mismos perderían importancia al aparecer vinculados a algo tan fútil. Por el contrario, se grita por los altavoces, se tensan con estudiados métodos los nervios del público, se llega a vociferar histéricamente (como lo hizo un locutor portugués al terminar la final de Oporto) que allí, en el Palacio de Deportes, estaba erguido el altar de la patria y que en él se estaba viviendo uno de los momentos más altos de la Historia.

Yo estuve en Lisboa en vísperas de un partido hispanoluso y fui testigo de la extraña efervescencia de los ánimos, y he podido leer después en algún periódico desaforadas alusiones a la batalla de Aljubarrota.

Se pensará que estas demasías nacen en pobres cerebros débiles. Pero cunden mucho más de lo que puede suponerse; porque en cuanto se une eel nombre de la patria a cualquier acción, aunque sea, como esta, tan trivial, no se puede evitar el alistarse más o menos ardientemente en uno de los bandos. Habrá muchísimos ciudadanos a quienes no les importe nada que once jóvenes de cualquier país lleven la pelota cierto número de veces a la portería de otros jóvenes jugadores. Mas si el nombre de su patria está involucrado; si se les dice que esos goles se le hacen a esa patria, y las zancadillas y las cargas se dirigen contra esa patria, la cosa cambia. Si se pregona: “Vamos a repetir la victoria marcial de agosto de 1385″, la actitud ya no puede ser la misma. Esto es idiota, pero explicable.

Sería también idiota, aunque los equipos representasen sistemáticamente la capacidad, la habilidad, el vigor de las naciones, porque el que en una de ellas se jugase invenciblemente al hockey, por ejemplo, nada supondría en favor del puesto que ocupase en la civilización. Pero es que no hay tal condensación representativa; ni del hecho de que una mujer holanesa o finesa lance el martillo más lejos que todos sus competidores en unos juegos olímpicos, puede deducirse que todas las mujeres de Finlandia o de los Países Bajos arrojen los martillos a mayor distancia que el resto de los seres humanos; ni si un equipo de chinos vence a otro de belgas en un cross-country, ha de admitirse que los belgas en general corriesen menos que los chinos en general.

Esto aparte, parece frecuentemente que los equipos no estén constituídos tan sólo por muchachos del país, sino que abundan en ellos jugadores contratados en otros cualesquiera. En estos días se contó en la prensa madrileña que en el once Los Millonarios, de Bogotá, que derrotó al Real Madrid, únicamente figuraba un equipier de nacionalidad colombiana.

Que en el buen entendimiento entre dos pueblos, en su recíproca cordialidad, se deslice esa polilla del risible fanatismo de los aficionados a presenciar deportes -ni siquiera de quienes los practican- es intolerable. Suprímanse tales encuentros; no nos interesa nada comprobar si el Bemfica de más certeras patadas que el Alcoyano. Y aplíquese a quienes desde la Prensa o la radio azuzan pasiones peligrosamente imbéciles el mismo trato que a los agitadores.

Aunque grupos de portugueses se dedicasen todos los jueves y todos los domingos a derrotar a grupos de españoles al hockey sobre hielo, no se alteraría ni en un punto nuestra estimación por la presencia de sus heroicos voluntarios en nuestra Cruzada. Ese sí que fue un buen gol en nuestros propios corazones.

Pero hay sembradores de cizaña que aprovechan las más nimias oportunidades. Un corresponsal afirma que “el partido comunista portugués y otros elementos extranjeros echan leña al fuego cuando pueden, al filo de esas competiciones”, y se mezclan con el público para excitar protestas.

Y no es que se haya descubierto la existencia de goles antimarxistas, sino que la diabólica astucia de esa gente pretende hallar hasta en un marcador de tantos un auxilio para sus propósitos de relajar entre dos pueblos de noble tesón y de visible progreso una amistad que no le conviene.

Añádase al Pacto ibérico una cláusula por la que nos comprometamos recíprocamente a no ir a buscar goles a la casa del vecino.

Y la paz.”

29 de julio de 1952

5 Agosto 2010

De animales hombres y otros. Una reflexión…

Arquivado en: WFF Xornalista — magago @ 1:15 pm

NEURASTENIA EN LOS ZOOS

Por Wenceslao Fernández Flórez

wfernandez_florez.jpg

“Los monos -ha dicho el director del parque zoológico de Midlan, en Tejas, a las autoridades superiores en un informe-, los monos están excitados al ver todos los días a cientos de personas que acuden a mirarlos y a hacerles muecas; las fieras se exasperan ante las constantes visitas que les tiran colillas y manotean ante sus jaulas. Desde las cacatúas a los rinocerontes, todos los animales aquí recluídos padecen depresiones nerviosas por motivos análogos. Necesitan reposo, a lo menos un día a la semana. Pido que, por piedad, se les conceda.”

Nuestra opinión suscribe la del director del parque. Bastará recorrer demoradamente uno de estos zoos para atisbar la tortura a que están sometidos sus huéspedes. Se dirá que enjuiciamos la cuestión con criterio humano; pero, aparte de que no disponemos de otro, el asunto que consideramos tiene perfecta consideración con esa parte de animalidad que nos es común. El mono que salta incesantemente de un columpio a otro o entre los diversos travesaños de la reja de su jaula concluye por darnos una sensación de angustia, y también el espectáculo de esas fieras poderosas que apuran su tiempo recorriendo el breve recinto en que están confinadas, o ese ir y venir, con pasos breves, de los osos corpulentos, que se detienen a husmear, como si estuviesen empeñados en descubrir dónde se encuentra el acceso a la libertad. Cuando el hombre quiso crear algo parecido en tormento, ideó los famosos molinos de las prisiones inglesas, en que los presos están condenados a una actividad sin provecho y sin fin.

Indudablemente, estamos capacitados para comprender los padecimientos de las bestias recluídas en un parque zoológico, porque nuestra propia vida nos lo impone: las muecas y la persistente curiosidad estúpida de los visitantes de un zoo nos acosan todos los días a los hombres. Los hombres también estamos enjaulados, aunque las rejas no sean visibles. Somos los unos, para los otros, motivos de espectáculo. Cuando salimos de paseo, recorremos nuestro parque y examinamos con curiosidad, con burla o con alabanzas, con muecas o con sonrisas, los ejemplares ante los que desfilamos: la mujer guapa, el hombre notorio…; un traje elegante equivale, en esa revista, a la extraña piel de un animal…, y el artista famoso que acaba de llegar de Hollywood viene a ser como el ejemplar raro recientemente adquirido en el África Central. Tampoco nos dejamos en paz entre nosotros. Hay cada día muchas visitas inoportunas de las que no alcanza a defendernos ni el “no está en casa” de nuestros servidores. Y hay el correo que nos trae cartas, molestas en su mayoría, que nos acribillan con sus peticiones de recomendación. Y está el teléfono que se interfiere en nuestros propósitos, torciéndolos, y que viene a ser como un visitante inesquivable y de todos los momentos.

Sí, sabemos bien lo que todo eso puede ser. Y resulta lógico que, puesto que hemos traído entre nosotros a esos animales, los hagamos partícipes de las mejoras que nos benefician. ¿El descanso semanal también? ¿Y por qué no? Y las pensiones para una vejez duramente alcanzada después de mucho tiempo de soportar la tenaz persistencia de rostros de papanatas en torno de las jaulas. Si los animales poseen algún sentido crítico (y a mí me parece que sí), sería curioso saber quienes formarían peor y más divertido concepto de los otros: si los visitantes del zoo alrededor de las jaulas, o los que están dentro de esas jaulas y examinan a aquellos que los van a ver.

Voto porque se otorgue ese descanso semanal a las pobres bestias deprimidas por nuestra presencia, según la autorizada creencia del director del parque de Tejas, y también porque se llegue más allá en tal tipo de concesiones. Y cuando hayamos garantizado su tranquilidad y el reposo de sus nervios, entonces… entonces sería la ocasión de pedir que a los hombres fatigados por motivos reveladores de ciertas analogías de cansancio nos concediesen una de esas jaulas.

13 de junio de 1958

4 Agosto 2010

¿Cómo eran las playas de nuestros alrededores cuando Wenceslao andaba por La Coruña?

Arquivado en: WFF Xornalista — magago @ 12:11 pm

Nos lo cuenta el propio escritor en el artículo “Fases de una playa”, publicado el 11 de septiembre de 1956…

WFF lendo na solaina de Villa Florentina.jpg Wenceslao Fernández Flórez en la galería de su casa de Cecebre, Villa Florentina, durante el verano.  

Wenceslao venía a pasar el verano a San Salvador de Cecebre. A parte de pasear por la fraga y por la orilla del río, también solía ir a la playa. El artículo a que nos referimos hoy empieza así:

“A lo largo de la tenaza de montes que parece sostener, mordiéndola, la ría de La Coruña, desde el Seijo Blanco a la Torre de Hércules, existen numerosas playas; alguna, extensa y presuntuosa, como la de Santa Cristina, que aspira a la notoriedad y acoge a bañistas que, si pudiesen, de buena gana imitarían modas exóticas; otras revelan ideales mesocráticos y ofrecen escatimadas olitas a una clientela de gente moderada que no quiere sustos, ni peligros, ni cócteles, ni bikinis, sino el simple y gozoso chapuzón en el agua, y mejor que el chapuzón, avanzar pisando en la arena fina y compacta hasta que sobrepase la cintura la línea del nivel marino, y entonces encogerse con una flexión para completar el baño. Son sitios en los que si hay un gordo o una gorda, no sienten el complejo de sus kilos y los traen, llevan y sumergen con modesta naturalidad.

Hay también otras playas más pequeñitas, ocultas entre morrazos, limpias y solitarias, quizá adornadas con la vecindad de pinares. Caminando por aquella ribera es posible saborear el placer de los descubrimientos y hallar un arenal que parezca no haber sido pisado antes por nadie. Diríase que el litoral interpela a los hombres así:

- ¿Cuántos son ustedes? ¿Dos centenares?… A poca distancia de aquí verán una playa para familias aisladas. Y, en fin, tenemos tres o cuatro individuales, propias para eso que se llama el baño integral de sol, y en algunas de ellas hasta encontrarán cabinas, oquedades formadas por las rocas, más gratas que cualquier caseta de tablas.

En el verano suelo ir a con frecuencia a la playa de Gandarío, de arena apelmazada, de extensión cómoda -es el vocablo que le corresponde: ni grande ni chica-, defendida de las carreteras por la muralla de bosques que se alzan detrás de Sada y por Guísamo y Lubre y Santa Marta de Babío.”

wbas.jpg Otra de las playas que Fernández Flórez visitaba en ocasiones era la de Bastiagueiro.

El resto de esta crónica de verano será leída el próximo sábado 7 a las siete de la tarde, en Villa Florentina.

13 Xullo 2010

Los goles y la economía

Arquivado en: WFF Xornalista — magago @ 12:51 pm

Estamos vivindo momentos de gran emoción, de masiva emoción: a selección española de fútbol chegou onte de Sudáfrica e foi recibida por unha multitude abrumadora. A reacción do pobo ante a victoria do combinado español está a causar un furor que sobrepasa os límites do racional. ¿Que significado pode ter isto? ¿Cal pode ser a súa trascendencia? ¿Durante canto tempo durará esta euforia colectiva? ¿Hai unha relación directa entre este triunfo futbolístico e as economías dun país en crise? É dicir, ¿mellorará isto a vida dos petos españois? Hum…

WFF1.gif

O caso é que, sobre esta relación entre goles e economías, Wenceslao escribíu alá polo ano 1957 un artigo que titulou así: “Los goles y la economía”, con motivo dun encontro entre o Deportivo da Coruña e outro equipo foráneo nun momento en que o conxunto coruñés acaba de baixar a segunda división. Dialogando cun paisano seu, afecionado ao deporte rei, este explicáballe:

“El fútbol, querido señor, es algo mucho más complicado de lo que superficialmente parece. ¿Cómo lo juzga usted? ¿Como un deporte? ¿Como un espectáculo? ¿Como un desfogue de las masas? ¿Como un fenómeno social? Pues bien: es todo eso y mucho más. Resulta que hasta la prosperidad de los pueblos está relacionada con él. Antes se catalogaban las ciudades según la belleza de sus monumentos, la prosperidad de sus moradores, el encanto de sus paisajes… Ahora son de primera, de segunda o de tercera división, según la categoría de sus clubs de fútbol. Antes había alguna gente que tomaba el tren para admirar Toledo, al que escriores geniales, como Marañón, dedicaban un libro asombrosamente perfecto. Ahora millares de personas se desplazan, se angustian por el logro de plazas en trenes y autobuses y de billetes en el estadio, para asistir al encuentro de dos equipos renombrados.”

O afecionado continúa a súa disertación explicándolle a Wenceslao que a chegada masiva de forasteiros á cidade supón un grande movemento económico, como é natural: bares, tendas, cafés, restaurantes…: “dinero, amigo mío, mucho dinero, muchos miles de duros repartidos entre la población.”

A isto hai que engadir a propaganda: “Conseguir que un pueblo sea citado muchas veces equivale al regalo de grandes beneficios. ¿Y cómo se logrará mejor que con las reiteradas referencias de todos los periódicos a los desplazamientos y las competiciones en que intervienen sus jugadores de fútbol? Con grandes títulos, con frecuencia casi diaria y gratuítamente, la prensa nacional y aun extranjera nos recordará que existe tal o cual ciudad, y al ocuparnos de ella quizá nos enteremos de que, además de triunfar por cinco a uno o por tres a cero sobre equipos de diversas procedencias, esa ciudad posee -aunque no importa tanto- una catedral pasmosa y los mariscos más variados y substanciosos de toda la región.”

Aplicado este plantexamento á vida futbolística actual e, concretamente, a esta recentísima victoria da selección española, cabe agardar con impaciencia os beneficios que se derivarán de tal triunfo, á marxe do vibrante subidón emotivo do que foron testemuñas directas as rúas madrileñas na tarde-noite de onte. As penas, se van acompañadas de goles, lévanse moito mellor…

En calquera caso, desde aquí felicitamos moi sinceramente a todos os integrantes do equipo español que loitaron con tanto acerto neste mundial, guiados pola man dun discreto seleccionador que lles transmitíu con sabedoría a súa propia sensatez. Parabéns! 

30 Xuño 2010

La eterna disputa…

Arquivado en: WFF Xornalista — magago @ 11:16 am

Parece ser que desde hace unos días se anda debatiendo por ahí un estatuto escrito con unos cientos de palabras cuya combinación habla de unas cuestiones relativas a la nacionalidad de Cataluña. En España el problema de las nacionalidades y de los nacionalismos dió, da y dará mucho que hablar y aún acabarán multiplicándose aquí las naciones como en su día lo hicieron los panes y los peces, casi milagrosamente (lo que no deja de ser paradójico en un estado tan laico). Y, en verdad, si lo miramos bien, a lo mejor no está tan mal esa multiplicación, porque ello aún podría favorecer, sin duda, los intereses del turismo y viajar al extranjero sería mucho más fácil porque nos quedarían países, que aún hoy no son considerados como tales, mucho más cerca y los veríamos como algo exótico, pintoresco y digno de ser visitado. Ya se sabe lo que dice el refranero, que la confianza… Pues bien mirado, retirada la confianza, se abrirían las puertas de un renovado respeto, se despertaría una inocente admiración y empezaríamos a mirar con otros ojos lo que hasta ahora, por estar aquí al lado, nos pasó desapercibido. Y si, para más inri, resulta que las nuevas naciones son poseedoras de otras lenguas que nos resulten incomprensibles, mejor, porque eso aumentará nuestra sensación de estar en tierras lejanas. Esto no es posible que se valore igual si esa variedad lingüística pertence, en conjunto, a un mismo país por esa tendencia a apreciar siempre más y mejor “lo que viene de fuera”. Psicofísicamente no están maduras aún las vice-españas para tanto… Pero se van dando pasos de gigante para corregir esta falta: y si no véase esa inteligente medida aprobada recientemente por medio de la cual ya ni hace falta ir al extranjero para sentirse en el extranjero: basta con asistir al Congreso de los Diputados y dejarse llevar por el plurilingüismo natural y espontáneo que allí se genera y se respira… Pero nos ronda una mosca detrás de la oreja, y no por estar en verano y vivir en “el rural”: si allí ya no son capaces de entenderse en una única lengua, ¿qué clase de guirigay montarán ahora?

Aunque, por otra parte, a lo mejor resulta que el problema de los nacionalismos es tan sólo un desarreglo psicológico general (íbamos a poner nacional, pero no sabríamos muy bien a quen nación referirnos y podríamos crear un conflicto en el lector) y lo único que le hace falta a España (a las vice-españas) es ir a un psicoanalista para corregir este problema de la personalidad jurídica múltiple, esquizofrenia paranoide o transtorno multiautonómico que padece… En cualquier caso, ya Wenceslao Fernández Flórez escribió una serie de artículos en la revista Blanco y Negro en el año 1935, que comenzaron el 13 de octubre y el primero decía así:

1.   BN1.jpg   2.   BN2.jpg   3.   BN3.jpg

16 Xuño 2010

Hace falta un hombre nuevo

Arquivado en: Eventos, WFF Xornalista — magago @ 1:47 pm

TARDES DE LECER NA FUNDACIÓN WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ

VF1.jpg

O próximo sábado día 19 de xuño dedicaremos a tarde en Villa Florentina á lectura de crónicas parlamentarias de WFF, ás súas famosas ”Acotaciones de un oyente”. Deixamos hoxe aquí un fragmento dunha delas, escrita en xullo de 1923: “Hace falta un hombre nuevo”

“Los últimos sucesos políticos revelan claramente la avidez popular por encontrar al fin hombres que nos rediman de continuar padeciendo la indigencia espiritual de nuestros gobernantes. El que alza bandera contra los políticos encuentra, desde luego, a su lado una gran parte de la opinión, de una opinión irreflexiva o desesperada, que desea que esto acabe de una vez y a la que importan poco los procedimientos. A esto conduce la exasperación contra la tenaz perseverancia de hombres fracasados en las funciones del Poder. Hay un evidente rencor contra los descaros del nepotismo, contra el audaz manejo del hombre de negocios disfrazado de gobernante, contra el cretinismo ingénito de tanto personaje mangoneador. El ambiente hostil es notorio y crece de día en día. Cualquiera puede advertirlo, y en esta misma evidencia hay un riesgo grave, porque muchos ambiciosos -contaminados de los mismos vicios que pretenden corregir- acuden a aprovecharse de este estado de la conciencia pública, ofreciéndose como posibles redentores.

WFF.gif

Nos parece muy recomendable recordar el trato que a las ranas que pedían rey dieron los dioses. Es absurdo negar que la política española está hace tiempo en franca crisis, y que la solución no puede hacerse esperar. Pero los que quieren precipitarla para lucrarse de ella son más peligrosos para la salud pública que la colección de fracasados que aún ejerce el secuestro del Poder. Se ha oído en estos días más de una vez esta frase, amenazadora y retumbante: “El pueblo me sigue.” Y sería oportuno preguntar a quienes la han pronunciado:

- ¿No será, más bien, que ustedes, siguiendo el consejo quevedesco, se han colocado delante de una (tan solo de una, y bien restringida, por cierto) de las aspiraciones populares? Pero, aun así (que sería discutible), ¿qué méritos ostentan ustedes para merecer la confianza popular? ¿Qué pruebas han dado de inteligencia, de cultura, de pureza, de comprensión del complejo problema nacional? […]”

13 de julio de 1923

“Acotaciones de un oyente”, W. Fernández Flórez

3 Maio 2010

¿Qué hacer con el Primero de Mayo?

Arquivado en: WFF Xornalista — magago @ 6:29 pm

¿Eso es una fiesta? 

wfernandez_florez.jpg

“Digamos de una vez que la Fiesta del Trabajo (ni trabajo, ni fiesta) tal como se viene celebrando no es más que una molesta travesura infantil, tan divertida como puede resultar meterle a uno un dedo por un ojo.

Puesto que no hay más remedio que trabajar, es muy recomendable, seguramente, que los hombres exaltemos el trabajo como una virtud, que lo glorifiquemos, que los revistamos de obligatoriedad desde el Sinaí de la Constitución. Pero con un poco de buen sentido.

Hubo un tiempo en el que las características que aún se conservan en esa Fiesta tenían una razón de ser. Cuando las organizaciones obreras luchaban por su propio fortalecimiento, cuando estaban supeditadas a gobernantes de otro credo, cuando necesitaban exigir más que razonar, la suspensión del trabajo -cuanto más amplia más eficaz e imponente- era una demostración de la fuerrza con que contaban, ahora han cambiado mucho los tiempos y no estaría mal que cambiase también ese carácter. Como hoy se practica es antipática e inútil. Si la Fiesta del Trabajo ha de consistir en que haya un día al año en que la vida sea más difícil que nunca, en el que haya que encerrarse en la casa o reventarse recorriendo a pie las enormes distancias de las grandes ciudades; en el que no se pueda asistir a ninguna distracción, ni comer, ni encontrar auxilio para llevar al hotel nuestras maletas de viajeros; un día en el que, si estamos enfermos, no podemos contar con la asistencia del doctor (¿no es esta una insensatez delictiva?); una jornada entera de molestias y de tedio en la que unos cuantos jovencitos son los únicos que hallan el pequeñito, el modesto encanto de cantar el alirón y saltar, cogidos del brazo, en medio de las calles sin coches; una jornada en la que el placer de coomer en familia bajo los árboles de la Casa de Campo, y aun el de arrancar las ramas de esos árboles, se ve amargado por el fatigoso regreso con el pesado cesto al brazo y los chiquillos a remolque, fatigados, soñolientos, llorones… Si es eso -y aun es peor que eso-, no vale la pena.

Ideemos algo más alegre, algo que eleve al idea del trabajo y que demuestre de algún modo los bienes que pueden derivarse de él. Que ese día todos tengamos que hacer algo gratuítamente en servicio de un bien social. Hacer al trabajo una ofrenda del trabajo. Ofrecer un optimista sacrificio en bien de una necesidad colectiva. Si en vez de arrastrar los pies cansados por la ciudad entristecida hubiésemos trabajado, todos y cada uno, dos horas nada más para ofrecer el importe de nuestra labor a los que llaman desesperadamente a todas las puertas sin encontrar empleo a su actividad ni para para la boca de sus hijos, ¿no habríamos hecho algo noble, alegre y honroso?

¿No sería más útil que esa tiranía de la incomodidad y del ocio estúpido a que se nos somete? Y si no se quiere sentimentalizar, búsquese, al menos, otra manifestación de mejor gusto. El buey tendido al sol, con la barriga llena de moscas, no puede ser ni por un solo día un ideal humano.”

WFF

ABC. “¿Eso es una fiesta?” Mayo, 1922.

1 Decembro 2009

La nochebuena del concejal

Arquivado en: WFF Xornalista — magago @ 7:17 pm

Agora que se achega a festividade do Nadal, ou do Inverno, ou do superconsumismo, iniciamos o mes de decembro con este conto de Nadal de WFF, publicado cen decembro de 1955.

WFF - A CASTILLO.jpg

La Nochebuena del Concejal

“Bien -dijo don José, animando con suaves empujoncitos a sus invitados, para que se decidiesen a entrar en el gabinete-; espero que aquí estaremos cómodos. Ahora nos servirán un aperitivo.

- Tienen ustedes una buena calefacción -elogió don Vidal.

- Sí -reconoció don José-, la casa está templada. Acostumbramos encender la caldera antes del mediodía. Y, por si acaso, la fortalecemos con otros medios.

Hizo deslizar en sus encajes una ancha puerta y reveló la habitación contigua, a la que se asomaron sus amigos, que ya sospechaban que el anfitrión quería lucirse.

- ¡Calla! -calmó don Vidal-. Pero ¡si tiene una magnífica chimenea!

Al dueño de la casa se le ensanchó el rostro en una sonrisa.

- Nos gusta ver las llamas de un fuego en el invierno. Suministran una especie de calor espiritual que refuerza el otro.

- Es verdad, es verdad. Una chimenea encendida es el complemento de un hogar.

Don Vidal, que continuaba inspeccionando la estancia, clamó, con voz jubilosa:

- Pero, ¡si hay un árbol de Noel!

Los invitados acudieron a admirarlo. Se alzaba, en efecto, en el fondo, tocando el techo con sus ramas cimeras, un hermoso abeto constelado de bombillas de luz. El tronco era robusto, y, entre el verdor asomaban cintas que estaban dispuestas, según costumbre, para conducir hasta los regalitos encerrados en cajas o misteriosamente encubiertos con celofán.

- ¡Precioso árbol! Es un bello ejemplar -comentó don Vidal contemplándolo con admiración.

- ¡Oh, que árbol, qué árbol! ¿Cómo pudo adquirirlo?

- Lo encargué hace un mes y me lo trajeron a tiempo para instalarlo.Creo que los van a buscar a la Sierra.

- Hay gente que es enemiga de esta moda -informó otro de los invitados. Algunos periódicos publican artículos contra ella. Dicen que se sacrifica estúpidamente la vida de muchos árboles.

- ¡Sensiblerías! -rechazó don Vidal.

Dio otra vuelta en torno al abeto, y de pronto se encaró con don José:

- ¿Me permite que llame a don Cupertino, que también es amigo de usted? Estoy seguro de que recibiría un gran placer si viese este tronco.

- Avísele. ¿Por qué no?

Inmediatamente se cruzó este diálogo telefónico entre don Vidal y el nuevo personaje:

- ¡Cupertino!

- ¿Qué hay?

- VAmos a comer en casa de don José, y te invita. Ven sin tardanza.

- ¿A esta hora? Imposible… Ya he formado otro plan…

- Pues anúlalo. Te aguarda aquí una sorpresa gratísima.

- Lo siento, pero…

- Oye: es que hay un árbol.

- ¿Un árbol?

- Sí, un magnífico árbol.

- ¿Dónde?

- En la misma casa, junto al comedor.

- ¡No!…

- Te digo que hay un árbol estupendo, con ramaje abundante, alto y grueso, de los que a ti te gustan. Por eso te llamo.

- Pero… ¿es de veras?

- Palabra de honor.

- Parece broma.

- ¡Qué broma ni qué tontería! O vienes pronto, o te birlo la ganga.

- Eso no. Pido un taxi ahora mismo.

Y, en efecto, Cupertino apareció en el salón al poco tiempo.

Era un hombre afable y robusto, al que aún podía llamarse joven. Traía un maletín que depositó sobre una silla y repartió apretones de manos. Había sido concejal del Ayuntamiento de Madrid y contaba con muchas amistades. Curioseó las estancias y preguntó:

- ¿Dónde está ese árbol?

- Ven aquí; ven aquí -le orientó don Vidal, cogiéndole del brazo-. Mïralo.

Mostró la engalanada conífera y esperó resultado, con rostro alegre. Cupertino permaneció un instante sumido en un estupor gozoso.

- ¡Qué delicia! - murmuró-. Ya hacía mcuho tiempo que no veía nada igual. Desde aquellos árboles que derribé en la plaza de Tal, no tuve ocasión de tumbar otros tan apetecibles.

- Sí, y ahora que no está usted en el Municipio… -comentó don José.

- Por eso es por lo que más lo siento. Aunque… no crea usted que me faltan ocasiones. Uno tiene alguna influencia… Lo peor es que apenas quedan árboles que cortar.

- Yo te he de decir dónde hay unos. Los vi el otro día, y en seguida me acordé de ti.

- Eres un buen amigo, Vidal. Bueno, querido don José…; y este árbol… Que, ¿me da permiso para trabajarlo?

- A su gusto lo dejo.

- Pues entonces…, con la venia.

Cupertino fue en busca del maletín, lo abrió y extrajo de él una sierra y un hacha.

- Siempre me acompañan por si cae alguna chapuza, alguna ocasión inesperada, como esta. ¡Vamos allá!

Colocó el mango en el hacha.

- ¡Qué pena que este árbol esté ya sin raíces! -comentó.

- ¡Hombre, esto no es el Retiro!

- Claro, claro; pero si tienen raíces, es más bonito abatirlos. ¿De qué familia es éste?

- Los llaman de Noel. Esun árbol de Noel.

- Bien, bien. Algo he oído; pero tanto me da. En siendo un árbol…

Y descargó en el tronco un hachazo tremendo.

- ¡Ah! -respiró hondo-. Ya hacía tiempo que no gozaba de este deleite. Apártense.

Y le sacudió otro golpe.

- Pero, ¿que atractivos encuentra en cortar esa madera? -gruñó, un poco molesto, don José.

- Todo es árbol; todo es árbol -respondió el ex concejal, con los ojos llameantes.”

Wenceslao Fernández Flórez

24 de diciembre de 1955

15 Outubro 2009

La frase del día

Arquivado en: WFF Xornalista — magago @ 12:14 pm

ACOTACIONES DE UN OYENTE

wfflo.jpg

La “frase del día” fue puesta por el cronista en boca de un supuesto curtidor de pieles el 20 de noviembre de 1932.

El motivo: el despreciativo gesto con que dicho curtidor ignoró al Presidente, Sr. Azaña, cuando éste pasaba por delante de aquél. Contestando el supuesto curtidor a la pregunta del cronista “¿por qué cuando pasan ante usted los ministros y los presidentes del Consejo piensa usted: “yo soy igual que ellos”?, explicó:

“No, yo no pienso así. Yo pienso: ”valgo más que él”. Porque yo tengo la misión de cutir cueros, y los curto muy bien: tan bien que nunca se quejó ningún cliente. Y ellos, los políticos, tienen la misión de gobernarnos bien, de procurarnos el bienestar, la comodidad, la cultura. Y no cumplen satisfactoriamente.”

Y, más adelante añade:

“Yo le digo (a un gobernante): “arrégleme bien el país”, como él puede decirme: “cúrteme bien esas pieles”. Nos servimos recíprocamente.

Así pues, en conclusión:

“Un gobernante no es mi amo: es mi servidor”.

En relación con esto mismo, escribió Fernández Flórez un prólogo (publicado aquí anteriormente) para el libro Frente al dictador, de Andrés Révész, publicado en los años 20, donde plasmaba con una fuerte dosis de sarcástico humor la opinión que le merecían nuestros gobernantes: 

“Para mí los gobernantes son hombres que se ocupan de cosas para las que yo no tendría nunca tiempo ni humor: me arreglan las carreteras, me prenden a los bandidos, cuidan de los jardines públicos y resuelven cuándo hay que enviar cinco batallones por aquí y cuatro compañías por allá. A cambio de atender a asuntos tan fastidiosos, me exigen un poco dinero. Bien. Ahí va el dinero. Si alguna vez cometen alguna fechoría, doy un ligero salto, como cuando oigo desde mi gabinete el estrépito de una fuente que se ha hecho añicos en la cocina, y gruño:
¡Vaya por Dios! ¡Cómo está el servicio!
Y sigo trabajando.”

14 Outubro 2009

Sesión de Espiritismo

Arquivado en: WFF Xornalista — magago @ 1:08 pm

ACOTACIONES DE UN OYENTE

WFF - A CASTILLO.jpg

“Mi amigo, el señor García, pasa por ser un hombre algo extravagante, pero yo le estimo porque encuentro en todas sus ideaciones un fondo de buen sentido. Cuando acudí a su casa, llamado por un apremio misterioso, no podía suponer que era lo qué pretendía de mí.

- Usted sabe -me dijo- que soy un demócrata convencido. No de hoy; de siempre. Ahora vivimos en un régimien de democracia, y, sin embargo, yo no estoy satisfecho. No es lo que he soñado, lo que he desado constantemente… ¿Me equivoco yo o se equivocan los dirigentes de España? ¿Continúo siendo un demócrata ortodoxo o, sin darme cuenta, hago una mala interpretación de los principios de la democracia? Me espanta pensar que se me pueda llamar con justicia “derechista” o “enemigo del régimen”. No soy capaz de continuar sufriendo esta duda que me obsesiona, y he resuelto resolverla de un modo eficaz.”

¿Cuántos, entre nuestros lectores, no se habrán hecho también estas mismas preguntas? Estas líneas son el comienzo de un artículo de WFF aparecido el 27 de noviembre de 1932.

Continuará… porque la vida política del país no descansa.

Páxina seguinte »

Xestionado con WordPress