Así foi a lectura do Relato…
TARDES DE LECER NA FUNDACIÓN WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ
LECTURA DRAMATIZADA DE
Relato inmoral (1927)
Velaquí dous deseños das capas da novela: a primeira deles da autoría de Ribas, a segunda é dunha tradución ao portugués. Podemos ver reflectido no deseño de Ribas a esencia desta obra: o elemento represor leva en volandas a Cupido cara… só Deus sabe que destino fatal!
Fronte a un público caracterizado, en grande medida, pola experiencia vital, tivo lugar en Villa Florentina a lectura dunha das pezas máis singulares de Fernández Flórez. Tal e como estaba previsto, integrantes do grupo de teatro Fas-que-fas, da FWFF, deron lectura a unha serie de fragmentos da novela de Fernández Flórez titulada Relato Inmoral (1927).
Unha discreta maioría do noso público desta tarde vivíu na súa xuventude algunhas das castas represións narradas con certo esaxero na obra de Fernández Flórez. A temática dos diferentes fragmentos lidos deu pé para que, unha vez rematado o evento e xa en animada tertulia, o noso público comentase as súas impresións particulares sobre a represión na sociedade española e tamén sobre unha cuestión tan esotérica como é a das relacións de parella antes e despois do matrimonio.
A novela arranca coa xustificación, por parte do narrador, español, casto e honrado, dos motivos que o impulsan a escribir a historia do seu amigo Anselmo Varona á súa chegada a España despois de levar varios anos viaxando por diversos países europeos. O entendemento de Varona non está en absoluto preparado para comprender nin para experimentar a situación de represión sexual que se vive na España dos anos 20, sobre todo despois de ter disfrutado das razoables liberdades ofrecidas por outros países europeos. Os nobres costumes castizos son para el fonte de confusión e de contradición.
En calquera caso, velaí vai unha mostra exemplar, correspondente ao capítulo II, “donde Varona comienza a instruirse en nuestras ejemplares costumbres”.
Despois de que Emilia, a viúva pola que Anselmo sinte ferver no seu sangue unha intensa paixón amorosa, lle confesa a este que desde a morte do seu home non sae a festas, nin teatros, nin a outro lugar onde se reúna xente porque observa un loito riguroso, Varona pregúntase como é isto posible despois de tantos meses… E entón a viúva cóntalle o seguinte caso:
- “¡Si esto no es nada! En Madrid hay cierta tolerancia, y, hasta un determinado límite, cada cual puede hacer lo que quiera. Pero en provincias es pero, mucho peor. Crea usted que esta vida mía, que a usted le parece excesivamente recoleta, escandalizaría allí.”
- “¿Es posible?”
- “No lo preguntaría usted si hubiese oído la historia de mi tía Damiana. Mi tía Damiana salió del colegio a los diecisiete años, y aquel mismo día conoció, en un baile, en la pequeña ciudad extremeña donde vivía, a un alférez de Infantería, que se enamoró de ella con una de esas pasiones que hoy son ya desconocidas hasta en los pueblos pequeños. Parece que mi tía Damiana no fué insensible a aquel amor. El alférez se dió a pasearle la calle, y ella atisbó al cuarto día tras de las cortinas. Pero poco después cayó su padre enfermo, y murió. Damiana observó seis años de luto. Seis años de luto, señor mío, sin salir a la calle, sin recibir visitas, cerradas las ventanas, viviendo en penumbra o con luz artificial. Así es la costumbre. Mientras tanto, el alférez se había batido en la campaña del Norte y ganara el grado de capitán. Volvió, y como hubiesen transcurrido siete años, mi tía Damiana pudo asomarse cautamente a verle pasar. Se sonrieron del balcón a la calle con toda la ternura de sus corazones, y puede decirse que fué un día de fiesta para ellos. Mas aquella noche, la madre de Damiana murió repentinamente. Volvieron a cerrarse las persianas y a encenderse la luz, y los trajes negros, guardados casi la víspera, salieron de los arcones. Seis años más durmió la tristeza en aquella casa. Y, transcurridos que fueron, Damiana volvío a asomarse al balcón. Su enamorado paseaba por la rúa las estrellas de comandante. Mi tía no era ya, como es de suponer, la tierna joven de mejillas sonrosadas. La larga reclusión la había empalidecido horriblemente, y podían verse algunas canas entre sus cabellos. Su sonrisa era torpe y triste; pero cuando miró al hombre que amaba, creyó aún que podía haber ventura para ella en la tierra. Aquella noche cambiaron las primeras trémlas palabras: “¡Damiana!”, dijo él, y ella balbució: “¡Carlos!”. Nada más, y era bastante, porque en tales tiempos no necesitaban mucho las almas para entenderse. Mi tía tuvo seguramente aquella noche ensueños muy agradables. ¡Ay! El alba había de disiparlos, que así es la vida. La tía Genoveva, hermana de la enamorada, apareció tiesecita en el lecho.”
- “¡Qué horror!”
- “Parece que le había hecho daño el aire libre. La falta de costumbre. Imagínese usted que al morir su padre era rubia, y cuando la metieron en la caja tenía el pelo negrísimo. El humo del quinqué, represado en la casa, la había puesto así. Parece increíble.”
- “Y otros seis años…”
- “Hubieran sido cuatro nada más, porque el luto de hermana no es tan riguroso; pero en ese tiempo fallecieron tres primas y el abuelo paterno. Es lo que ocurre cuando se trata de una familia numerosa. Quince años después pudo asomarse nuevamente Damiana. Su adorado era general, y bien puede decirse que la amaba cuando aún apareció arrastrando una pierna gotosa. Pero mi tía era ya un espectro: huesuda, arrugada, vieja… Una ruina, señor. “Damiana -dijo él-, estás sola en el mundo; nada hay ya que pueda estorbar nuestra dicha”. “Así es -dijo ella-; no me queda más qeu un hermano casado.” “Y ¿cómo se encuentra? -preguntó recelosamente el novio. “Fuerte como un roble; anteayer le nombraron consejero de Instrucción Pública.” “Bien -respondió el general-, no conocí a ningún político que se muriese joven; creo que ahora es la nuestra.” De esta suerte hablaron, y se hubieran casado antes de un mes si mi tía Damiana no falleciese al tercer día de esta charla.”
- “¡Triste caso!”
- “Se le había quedado la sangre blanca de no recibir la luz del sol. Cuando la vió el médico dijo: “Si tiene más de quince o veinte glóbulos rojos en todo el cuerpo, ya puede darse por contenta.” Y así debía ser, porque semajaba una figura de escayola.”
- “¿Y el novio?”
- “Puede usted suponer… Una tragedia. No sé qué se hizo. Creo que pidió el pase a Carabineros.”
Sen dúbida, a crítica dunha sociedade asentada nuns ideais extremdamente drásticos no tocante ás relacións de parella, a crítica dunha sociedade defensora da honra calderoniana, está moi presente ao longo de toda esta novela. Ao tempo, Fernández Flórez leva a cabo unha marcada defensa da liberdade da muller denunciando a situación de sumisión e represión vividas nos anos 20 e seguintes fronte aos dereitos sacrosantos do varón.
































