Con esta cabeceira iniciamos unha nova andaina polos diferentes artigos de opinión que o noso escritor, Wenceslao Fernández Flórez, verteu na prensa da época.
Trataremos os diversos temas e publicarémolos en función do interés que poidan ter en cada momento. Trátase de artigos aparecidos nos diferentes medios xornalísticos que recuperamos ou mesmo aqueles outros inéditos existentes na Fundación. Respetaremos a lingua en que se editaron.
O de hoxe titúlase: En el nuevo camino. Foi publicado no xornal galego EL PUEBLO GALLEGO no ano 1925. Está tomado do exemplar depositado e conservado, no Museo de Pontevedra.

W. Fernández Flórez no seu gabinete de traballo en Madrid. Fondo fotográfico de A. Montero.
“Los años restan vigor a las personas, pero multiplican el de los periódicos. Si en algún caso es oportuna la felicitación de aniversario es en esta. Yo se la envió muy cordialmente a EL PUEBLO GALLEGO.
Quiero anotar en estas cuartillas el hecho de que de cierto tiempo a esta parte se haya registrado en Galicia el fenómeno gratísimo de la aparición de publicaciones inspiradas preferentemente - como esta en que escribo - por una desinteresada preocupación de los asuntos regionales. Conozco bien el periodismo de mi tierra y creo poder decir sin que nadie me rectifique que todo él (con excepciones tan insignificantes, numéricamente, que sería terrible exageración contarlas por los dedos de una mano) fué creada por las necesidades de un ataque y de defensa de los políticos. Nunca se podrá negar que el caciquismo debe a Galicia dos progresos: carreteras y prensa. Que las carreteras vayan por donde no deberían ir y que la prensa naciese para ensalzar y sostener a quien acaso no lo merecía, son cuestiones aparte. En rigor de la verdad tampoco puede negarse que, al cabo de los años, esos caminos crearon alguna riqueza y esos periódicos evolucionaron hacia una mayor elevación.
Yo soy joven aún, pero cuando evoco el recuerdo de la prensa gallega en los tiempos que comencé a escribir, advierto que el avance es tan grande que parece haber transcurrido una centuria. Si hemos de hablar con franqueza, convendremos en que la característica de nuestros periódicos, hace un puñadito de años era el antigalleguismo más vergonzoso y funesto. Todo lo que fuese espíritu regional, tradición regional, interés regional, no solo no era estimulado por la prensa, sinó que era perseguido con el arma que con tanta facilidad se esgrime en el país: la chacota - broma o burla -. El enxebrismo era para los diarios de entonces una cursilería sentimental de tipo patológico. Se dudaba de la salud mental de quienes escribían o hablaban en gallego sin ser aldeanos, se les perseguía con burlas, se les consideraba como a delirantes sistematizados.
La generación de nuestros padres, la que sucedió a aquella otra generación -tan vigorosa- de los Pondal, de los Añón, Rosalía, fue incomprensiblemente xenófila (renegada, además de ser tosca, vulgar, pancista y sin ideales ni capacidad creadora). Entre aquellos gloriosos gallegos y nosotros puede decirse que el poder creador de Galicia descansó.
Fué en ese descanso cuando una legión de políticos sin altura, de mediocridades audaces, hirvió en nuestra tierra y se desbordó y ocupó el Poder Central. Y esta fue la principalísima causa de desamor que a Galicia manifestaban los periódicos gallegos. Como ninguno de esos hombres debía a su región su encumbramiento, como en ella no tenían más que feudos electorales y como esos feudos se mantenían por el apoyo de Madrid (los nombramientos de jueces, de alcaldes, de magistrados, de médicos, hasta de curas) no precisaban ocuparse de Galicia ni tener hacia ella la menor solicitud. Algunas veces por vanidad o por egoísmo, hacían a sus distritos opulentos regalos que… en rara ocasión eran útiles. Un puente suntuoso allí donde pasaba un regato, espléndido edificio para escuelas donde no había alumnos… Regalos deslumbrantes…. y estúpidos que aseguraban un recibimiento triunfal , un banquete y tema para muchos años de elogios en su diario. Pero nada se hacía teniendo en cuenta el armónico interés de Galicia. Así no hay trenes, asi hay una riqueza minera sin explotar y un tesoro forestal mal aprovechado; así Vigo no tiene el puerto que debería tener, así no está aún resuelta la cuestión de los foros…
Naturalmente los periódicos creados para defender a esos hombres (siempre con dinero de sus amigos, de los amigos que esperaban de él un encumbramiento) tenían su interés puesto en Madrid, no en Galicia. Una crisis política les afectaba más que la libre importación del maíz, y el feliz suceso de que su cacique fuese admitido en casa Silvela o de Montero Ríos, les emocionaba más gratamente que les notificasen que iba a ser construído el ferrocarril de la Costa. Yo sé -y lo repetirán cuantos periodistas quieran ser sinceros- que en las redacciones jamás se hablaba de Galicia, sinó de la menuda política de la Corte. Y esta actitud tenía que ser lógicamente sostenida con un real o fingido desdén hacía los problemas de la tierra y hacia quienes en ellos se ocupasen.
Por fortuna todo ha variado. La juventud gallega ama y siente a Galicia. En ella hay hombres que se han hecho ilustres en España y fuera de España sin abjurar del espíritu regional; por el contrario, afirmándose en él. En pintura y escultura tenemos representantes de fama creciente; hay una manera gallega en dibujo, en la estatuaria; y un gran crítico, Gabriel Alomar, reconocía y proclamaba, hace poco más de un año, que existe una escuela galleguista en literatura, un espíritu galleguista que se revela no ya en la clara referencia a nuestros sentimientos y nuestras costumbres (que es bien notorio que cuelquiera sin ser gallego o ruso, pueda escribir acerca de Galicia o de Rusia) sinó en la esencia y en la visión del arte. Fué escribiendo a propósito de mi novela “El secreto de Barba Azul”, cuando hizo esta afirmación. Y en “El Secreto de Barba Azul” no hay, precisamente, ni una remota alusión a Galicia.
Debo reconocer que antes que Alomar, Ramón Fernández Mato había proclamado esta misma verdad.
Todo ha variado. La juventud gallega sabe que no necesita buscar fuera de si misma su fuerza y su inspiración; sabe que la originalidad se encuentra mirando hacia dentro y que en el espiritu de la raza hay un inmenso tesoro intacto. Es bien fácil profetizar que Galicia no tardará mucho tiempo en necesitar de todos esos entusiasmos y de todas esas capacidades, y que será para algo más importante de lo que suponen los hombres de la generación que nos ha antecedido. Un momento solemnísimo se acerca a nosotros desde las tinieblas del futuro.
Para esa juventud yo quiero ahora enviar un abrazo de camarada. La esperaba y la veo acudir con alborozo. La esperaba amigo Aboin; no es que la siga. ¿Está claro? En el amable artículo que ha dedicado Vd. a la aparición de una novelita mía en LAR me presentaba Vd. como un hombre que, al fin, se había convencido. “No fue Wenceslao -dice Vd.- de los últimos en oír el grito del alma de Galicia”.. .. ¿De los últimos? No, ciertamente. Estoy gritando yo mismo hace quince años. Creo en conciencia que precedí a todos ustedes y que mi larga campaña en “El Noroeste”, de La Coruña desde Madrid, algo influyó en toda esta orientación de ahora”.
Wenceslao Fernández Flórez
Madrid
Estimados amigos e interesados na escrita de Wenceslao, aquí lles presento un dos documentos básicos para afirmarlles o galeguismo e o amor a Galicia do noso escritor.
A. Montero. Director da FWFF.