Se hai unha característica que defina os artigos e novelas de Fernández Flórez é o feito de que son actualidade, de que narra e describe comportamentos e accións que moi ben poderían aplicarse a situacións propias de hoxe en día. Ese é o caso do artigo que centra o presente comentario, “Teoría del gallego“, onde o autor reflexiona sobre a cuestión de Galicia, das rexións, as autonomías e os centralismos.

Las gafas del diablo, edición de 1919, e El espejo irónico, publicado en 1921.
No ano 1918, pouco despois de ter chegado a Madrid e de terse iniciado como cronista parlamentario en ABC, Fernández Flórez publicou un libro de artigos titulado Las gafas del diablo e, tres anos máis tarde, en 1921, seguindo a liña do anterior, El espejo irónico. Neles aparecen artigos de diversa índole, como este que hoxe publicamos, e outros como “Tribulaciones de un hombre adinerado”, “Lances entre caballeros”, “Psicología de los banquetes”, “Los ricos y los pobres”, “La madre Naturaleza”, “El asesinato como función social” e un longo etcétera. En todos eles predomina un agudo sentido do humor, algo burlesco, que é empregado para facer unha fina crítica sobre distintos comportamentos sociais, usos e costumes. Cando publica, entre 1945-1964, as súas Obras Completas inclúe algúns destes artigos, mais non todos. Veremos as súas razóns segundo el mesmo explica no prólogo do apartado correspondente, que reproducimos na súa totalidade:
“Cuando revisé, para esta nueva edición, los trabajos comprendidos en Las gafas del diablo, hallé que algunos se habían muerto. Estaban en pie aún en aquel libro que la Academia Española me hizo el honor de premiar cuando yo era un jovencillo recientemente trasladado a Madrid, y que aplicaba al “tal y como es” su concepto virginal de “tal y como debiera ser”. Estaban en pie; pero sólo como está en el tiesto una planta que ya se secó. Se referían a hechos ya anulados, a hombres ya muertos en la memoria de la gente. Eliminé muchas páginas y añadí, a las que quedaron, otras de un libro perfectamente afín, hermando gemelo de “Las gafas” y que llevó por título “El espejo irónico”. Ya no puede decirse que cuanto entonces escribí corresponda exactamente a la realidad española, y puede colegirse sin esfuerzo, por la naturaleza de los hechos comentados y por los nombres de las personas en juego, la lejanía de las circunstancias. Pero la calidad humana, real, de lo acontecido, persevera y mantiene aún vivo -sea aquí, sea más allá donde hay que aplicarlo- lo sustancial de esa labor.
En cierto cuento muy conocido -escribí en el prólogo de la primera edición-, el diablo presta a un hombre candoroso unas gafas que tienen la extraña facultad de hacer ver las personas y las cosas, no como aparecen, sino como son. Y aquel hombre ve la deslealtad de la amada, la ingratitud del amigo, la codicia del que simulaba no tenerla, la doblez del que creía justo, la mentira del que estimaba veraz… El hombre, aburrido, rompió las gafas. El diablo que se las había facilitado era un espíritu trascendental. Suponga el lector amablemente que otro diablo nos ha ofrecido unas nuevas gafas; pero no aquellas gafas terribles. Este diablo no ha de ser el diablo horrendo de las tradiciones de Castilla, siempre hosco, aparatoso y ceñudo, instigador de crímenes, que llevaba a los hombres que con él trataban a la hoguera y a la desesperación, sino el diablo que conocen los viejos campesinos gallegos, viejo también, con una mirada maliciosa y una sonrisa taimada; un diablo que es como un campesino de aquella tierra, que se ríe detrás de un valladar del susto de una rapaza, que goza con burlarse de las viejas, que sabe la importancia que hay que dar a esta vida; jovial, bonachón, receloso; que ayuda al zorro a entrar en un gallinero y que, si alguna vez recibiese proposiciones para comprar un alma, la cogería, la miraría, le daría cien vueltas y concluiría por observar:
- Cuando tú me la vendes, algún negocio piensas hacer a mi cuenta. No me conviene.
Un diablo así, manso y apacible, es el que nos ha prestado sus gafas para que a través de ellas miremos unhas cuantas cosas habituales y menudas.”
Para ler “Teoría del Gallego”, artigo dunha sublime elaboración, por favor, PINCHE AQUÍ: TEORÃ�A DEL GALLEGO.pdf