Hai cousa dunha semana, aproximadamente, deixamos escrito neste mesmo blog un artigo onde Fernández Flórez ofrecía, através dunha das súas crónicas parlamentarias, esperanza e tranquilidade aos nosos políticos nestas datas en que tan necesaria é unha cousa como a outra.
Hoxe, pensando tamén que o tema é oportuno, e ao tempo que facemos memoria histórica, queremos amosarlles outro interesante traballo do noso escritor, onde mostra unha serie de actitudes e aptitudes que a todo home público lle convén ter presentes para poder subsistir no seu cargo. Trátase da crónica ”Trucos y sofismas de la política”. Foi escrita en 1922 con motivo do desastre de Annual, acontecido no ano 1921 cando, con motivo da guerra de Marrocos, as tropas españolas sucumbiron dramaticamente ante a sublevación do exército inimigo en polémicas circunstancias.
TRUCOS Y SOFISMAS DE LA POLÍTICA
“- ¿Tú que deseas? -preguntan los gobernantes al Pueblo-. Aquello que desees se hará, porque nosotros nos imponemos el sacrificio de ocupar estos puestos precisamente para lograr tu ventura.
El Pueblo levanta su sombrero agujereado para rascarse una oreja.
- Pues deseo…, deseo… Verdaderamente, me agradaría que fuesen castigados los políticos responsables de la catástrofe de Annual.
- Muy bien. Es un ansia justísima. Siempre que oímos una pretensión justa, rebosa felicidad nuestro espíritu. Quedarás complacido. Ahora conviene aclarar un detalle. Tú, naturalmente, no querrás que esto se convierta en una “cuestión política”…
- En efecto, me parece que…
- Porque si se convirtiese en una cuestión política, se empequeñecería…
- Sin duda…; creo que se empequeñecería…
- Lo decimos, porque una parte del Parlamento proyecta llevar a la barra al Presidente del Consejo y a los ministros de la Guerra y Estado de julio de 1921.
- No está mal.
- Es que esos tres ministros son conservadores.
- ¿Y qué?
- ¿Cómo que “y qué”? Que al ser los tres conservadores está bien claro que se trata de una maniobra política de los liberales. ¿Comienzas a ver el fondo del asunto?
- Sin embargo, ellos eran ministros cuando Annual.
- Es una pequeña circunstancia sólo imputable a la fatalidad. Si fuesen liberales los que ocupasen el poder, hubiera ocurrido lo mismo.
- Procesemos también a algunos liberales.
- Imposible. Dirían que se trataba de una maniobra política de los conservadores.
- ¿Maniobra política? Pero es que si no procedemos contra los hombres de uno u otro grupo, de los dos únicos que alternan en el mando, ¿contra quién vamos a proceder? ¿Puede hacer responsable de lo ocurrido en Marruecos al fascismo italiano?
- Es una idea que examinaremos después. En rigor, nosotros te aconsejaríamos que desistieses de toda acción contra los hombres públicos. Por tu bien lo decimos, únicamente por tu bien.
- ¿Por mi bien?
- Reflexiona: sería como procesarte a ti mismo, como si tú te declarases culpable de lo que ha sucedido en África.
El Pueblo, entre indigando y riente:
- ¡No faltaría otra cosa!
- Por desdicha, así es. ¿Qué es un político español? Un hombre salido del pueblo español. ¿Qué son todos los políticos españoles? Hombres salidos del pueblo español. ¿Es que tú crees que los importamos de la Circasia o de Tierra de Fuego?
- No…
- ¿Es que supones que nacen de un huevo de gallina o que son fabricados en un laboratorio? De ninguna manera. Son tan Rodríguez, tan Sánchez, tan Pérez, tan García, tan Álvarez como tú. Están emparentados contigo. Nacen en tu casa, crecen en tu casa. Son “Pueblo”. Eres tú.
- ¡Diablo!… Pero me parece que esos hombres, aunque salgan de mí no marchan muy de acuerdo con mis ideales y con mis ansias. En fin…, de cualquier manera, yo no me niego a pagar los tributos, y mi dinero, el que debía ser destinado a la guerra, fue disipado…
- Perdón. Se dice “distraído”. Es preciso hablar bien.
- Oficialmente se reconoce que ha habido desfalcos.
- ¡Chist!… No grites. ¿Y quién desfalcó? Tú mismo.
- ¿Yo?
- Tú y nadie más que tú; porque esos individuos que se repartían el dinero en Larache y en otras zonas, y los que compraron armamento inútil y gasolina casi inservible, y los que dilapidaron, en fin, los millones que debieron ser utilizados en material sanitario y ofensivo, ¿qué son? Hombres salidos también del pueblo. ¿Te atreverías a sostener que los elaboramos en Altos Hornos o que los obtenemos por siembra a voleo en tierras extrañas?
- No, ciertamente. Juraría, no obstante, antes de oírles a ustedes, que podía tener tranquila mi conciencia. Porque, además del dinero, he entregado toda mi juventud para que luchase en Marruecos. Yo me decía al enviarla: hago todo lo que humanamente me es dado; nadie pensará que es mía la culpa de que todos estos muchachos vayan sin saber cargar un fusil, sin haber asistido jamás a unas maniobras. La responsabilidad de tales faltas corresponde a los coroneles, a los jefes de cuerpo…
- ¡Tate, tate! También esa cuestión recae sobre ti. Los coroneles, los jefes todos del Ejército, salen entre tus hijos. ¿O te imaginas que brotan, armados ya, y con sus fajines, sus estrellas y sus bigotes de la cabeza de Júpiter? No, amigo mío. Ellos proceden de ti.
- No puedo negarlo.
- Como todos procedemos de ti, ¿a quién sería preciso juzgar? A ti mismo. Es el procedimiento más razonable y compendioso de acabar con los políticos ineptos, administradores que roban, jefes que no cumplen su deber, oficiales que huyen, etc. Y como esto es así, vamos a poner a discusión en las Cortes un proyecto de ley -que votaremos entusiasmados- proponiendo que se te fusile inmediatamente.
El Pueblo, estremecido:
- ¡Caramba! ¡Triste fin es ése!… ¿No habría manera de evitarlo?
- Pero ¿no querías que se sustanciasen las responsabilidades? Pues he aquí que yo te señale al verdadero, al único responsable. En fin…, tengo buen corazón; me conmuevo fácilmente con la desdicha ajena… Echaré tierra al asunto y no se volverá a hablar de él. Verdaderamente, te salvo la vida. No sé qué sería de ti si nosotros no existiésemos. Lo único bueno que hay en España somos nosotros. ¿Se ha visto algo comparable con nuestra bondad? Te he perdonado el desastre colonial del que tú también fuiste responsable (supongo que no habrás olvidado el cuento de Meco), y lo del barranco del Lobo, y el déficit de nuestra Hacienda, y la indisciplina de nuestro ejército, y el atraso de nuestras comunicaciones, y la trágica desorganización de la Instrucción pública…
- ¿Todo eso ocurre por culpa mía?
- Pues, ¿de quién va a ser?… Ahora te perdono lo de Annual. Venga esa mano.
- No sé como pagarles…
- No hablemos de eso. Vota a quien te mandemos, aumenta las dietas de los diputados, soporta el exagerado proteccionismo industrial, come sin protesta el pan caro y malo, calla y bendícenos… De pagar ya se encargan los consejos de administración de las grandes compañías.
El pueblo vierte unas lágrimas de gratitud y se va, murmurando:
“¡Escapé de buena! Si me descuido, me fusilan. ¡Y yo que creía…!”
W. FERNÁNDEZ FLÓREZ
26 de novembro de 1922