Las pesetas de la prole
“Conviene anotar la distinción formulada por un concejal de Madrid en un mitin celebrado en Romea, a propósito de la licitud de poseer dinero.
No hay ninguna cuestión más interesante ni más de nuestro siglo. La agitación de la muchedumbre trabajadora, las preocupaciones de los sociólogos, la triste meditación de la clase media, toda la acción y todo el pensamiento de nuestra época se refiere a ese tema: ¿Hasta que punto debe consentirse el enriquecimiento del individuo? ¿Cuáles son los mejores medios de evitar la acumulación de oro en unas cuantas manos? Y se habla de socialización de las industrias, del impuesto progresivo sobre las rentas, de la expropiación de los grandes terratenientes, de cien maneras de pasar el rasero sobre las formas privilegiadas.
Nada de esto ha triunfado aún abiertamente, y sería injusto desdeñar las nuevas teorías que se presentasen en socorro de la preocupación general. La tesis proclamada en el teatro Romea es esta: “Existe el legítimo derecho de propiedad, que induce a conservar el patrimonio heredado y aun a mejorarlo para ser transmitido a la prole; pero es inmoral el ansia de dinero para la sola satisfacción del egoísmo.”
Rogamos a los gobiernos españoles que no tomen en cuenta esa conclusión. Puede dejarse a un lado la consideración vulgar de que el egoísmo es el verdadero motor de la vida; es egoísta hasta el deseo de que los propios hijos queden bien acomodados en el mundo. Pero, aparte esto, nosotros queremos defender la conveniencia y la utilidad social del “nuevo rico” sobre el rico de varias generaciones. La desgracia es que en España es poco frecuente el “nuevo rico”. Fue necesaria la guerra europea para que algunos españoles se decidiesen, un poco asustados, a aceptar ese papel. Pero, generalmente, el español, participando de la opinión edilicia que comentamos, tiende al estatismo económico. Se ha forjado este lema: “A mí que no me toquen el cocido.” Y vive así, quieto, absorto, engullendo sacas de garbanzos. ¿Qué es lo que existe más allá del garbanzo? El excelente sujeto ni lo sabe ni lo quiere saber. Si alguna vez consagrase su actividad digestiva a una perdiz, sus camaradas le reprocharían severamente:
- Te estás saliendo de tu esfera.
El dinero del nuevo rico es alegre e inquieto, emprendedor y amigo de aventuras. Quizá gusta alguna vez de lo estrafalario; pero esto es una ventaja para quien se lo haya de vender. Las pesetas del rico de abolengo son tímidas y hoscas, aunque sean más graves y den muestras de una mayor honestidad. La peseta del nuevo rico ama los placeres, es vanidosa, sale todos los días de casa, y uno de ellos no vuelve más; se ha marchado no se sabe con quien, rientemente; es una pequeña Manon Lescaut*. Los que la han tenido se acuerdan con frecuencia de su inquietud y de su carácter jovial; la peseta del viejo rico no se mueve, todos los años se hincha y da a luz cuatro centimitos. Estos centimitos crecen, engordan, pasan a ser pesetas y pasan a dar a luz también, se contagian de la preocupación por la prole, que embarga a sus amos, y tienen un cómico aspecto de señoras aburridas, exclusivamente entregadas a los deberes de la maternidad; estas son las pesetas que cuando llegan alguna vez a nuestros bolsillos se apresuran a escapar de ellos. Ibais a beber un menjurge en un cabaret y, al pagar, la peseta se deslizó entre los dedos, rodó con una prisa ridícula y fue imposible encontrarla. Se ha hundido en una grieta del piso, murmurando con indignación:
- ¡Qué es esto! ¡Convertirme en un cóctel! ¿Qué es un cóctel? Se bebe y no produce interés para atender la prole. Y en su ranura, sola, con grandes esfuerzos, con ayes sofocados, sigue pariendo cuatro hermosos centimitos cada doce meses… Después, pasado mucho tiempo, se convierte en mil, en diez mil, en cien mil pesetas…
Son estos tesoros los que se encuentran alguna vez bajo los ladrillos en las casas vetustas…”
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ
6 enero 1920
*Manon Lescaut (1753) es el nombre del personaje femenino de la novela del Abate Prévost titulada, originalmente, Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut. Entre la compleja trama de la novela, que fue llevada a la ópera en varias ocasiones, una de ellas por Puccini, y de la que también hai versión cinematográfica, aparece Manon como joven amante de los lujos y de los placeres, tremensamente derrochadora y que no duda en traicionar a su amante por dinero. Con ella compara aquí Wenceslao la peseta del nuevo rico.
























