Chegadas estas datas é natural que moitos literatos, xornalistas, creadores… se vexa na tesitura de elaborar creacións relacionadas co Nadal. Mais a inspiración non sempre é favorable e os temas máis reveladores poden chegar a agotarse. Isto pasoulle ao protagonista do Conto de Nadal que publicou Fernández Flórez o 26 de decembro de 1926.

Agotadas todas as ideas, un escritor decide achegarse a un “almacén de asuntos literarios”. Os dependentes están certamente moi ocupados, mais chega por fin o seu turno:
- “Quisiera llevarme algún asunto para un cuento de Navidad”, solicita. E, ante a seguinte pregunta do vendedor, engade: “Que no sea muy duro de trabajar. Es para una revista que paga poco.”
O vendedor condúceo entón por algunhas seccións do almacén. A primera delas ofrece unha ampla gama de nenos pobres, mal vestidos: “Son los niños que se mueren de hambre y frío a la puerta de los palacios, acurrucaditos en el umbral, mientras los aromas del banquete que los ricos celebran y las risas y cantos de los invitados les hacen soñar que están tomando café con buñuelos.”
O escritor rexeita este tema alegando que xa está moi visto, e que agora mudaron os hábitos e xa non se cea nos palacios. O costume moderno consiste en irse divertir e cear en hoteis luxosos. Pide outra cousa. O vendedor amósalle entón unha nai que deita sempre sen cear os seus fillos. Tampouco lle sirve ao escritor. O truco de buscar a sensiblidade do lector pola vía da dor sentida por criaturas inocentes está agotado: “Por otra parte, que una persona, grande o chica, padezca hambre es tan terrible en Navidad como en Santa Cecilia. Más que asunto para un cuento de Pascua, es un tema para un artículo sociológico.”
O vendedor, aínda sen desanimarse, ofrécelle outro tema: “Vea usted la Nochebuena del solterón. Tema magnífico para hacer psicología.”
Novamente o escritor renega da suxerencia, xa que “en la vida moderna, el solterón es el que más se divierte en las Nochebuenas. Todos los matrimonios le invitan para atenuar con su presencia el tedio de la comida familiar. Enséñeme otros tópicos.”
E, pouco a pouco van pasando por diante dos seus ollos a Noiteboa do solteirón, do sereno, do mariño… Mais… “No me interesan”, di o escritor: “Todas ellas son variaciones acerca del sentimiento nostálgico del hogar. Y ese sentimiento está en crisis.”
Nada máis queda ao vendedor. O literato ríndese ante a evidencia de que non poderá escribir o conto de Noiteboa: “El tema de Nochebuena se ha agotado. Podemos decir que ha desaparecido. Hubo un tiempo en que era tan indispensable como el turrón. Ahora, ninguna nueva idea refresca los tópicos antiguos, y el lector tampoco muestra apetencia por esta clase de trabajos, que encuentra ridículamente sentimentales. ¿Cuál es la razón? Porque forzosamente hay una razón. Yo creo que es la decadencia del hogar. Las costumbres han cambiado: las mujeres tienen sus clubs, no están guadadas entre rejas, van y vienen y pasean y hacen deportes diariamente; los salones particulares han desaparecido; los periódicos modernos, la radio, el automóvil, el aeroplano, nos han hecho salir de esa cáscara hermética que era el hogar, para fundirnos y solidarizarnos con el resto del mundo. Sí, el hogar está en crisis, y las fiestas hogareñas, cuya culminación estaba en las Pascuas, también, solidariamente. Pero si yo escribo esto, muchos lectores se indignarán contra mí. Me abstendré de escribirlo. Buenas tardes.”
E aquí remata o conto, cando a piques están de comezar as Vacacións de Inverno…