
El pasado sábado tuvimos la ocasión de recibir en Villa Florentina al amigo e interesante pintor Fernando Viscasillas, personaje nacido en el Ferrol, donde el escritor Wenceslao Fernández Flórez se inició en la dirección del Diario Ferrolano a sabiendas de que, además de esto, su padre era ferrolano y en Ferrol nació su novela La procesión de los días. Pues bien, a las cinco de la tarde, como era tarde taurina, se inició la faena recibiendo la visita de Ramón Blanco, poeta, periodista y freelance en estos momentos, que se acercó a la FWFF con el encargo de elaborar un par de páginas para el suplemento cultural del diario ABC. Yo recuerdo haber coincidido por primera vez con este joven cuando trajimos a Galicia, con el Pen Club, a Derek y a Songica, maestros de la poesía y premios Nobel. Era esta una de las primeras visitas en las que habíamos traído Premios Nobel a nuestra tierra. Ramón se acordaba perfectamente y pude observar que favorablemente sorprendido. Después de degustar unos cafes disfrutando de una agradable tertulia con invitados como Camilo Camaño Xestido, la pintora Carmen Sevillano, la propia Pepa Mariño y el personal de la propia Villa Florentina, pasamos a visitar la casa para que nuestros invitados pudieran contemplar las instalaciones de la Fundación.

Con mucho gusto les acompañamos a la vivienda del escritor, a sus habitaciones, a su despacho, a sus salones, a la biblioteca y a los exteriores de la finca visitando la nobleza de los robles centenarios, de los pinos tan fornidos y tan robustos que se erigen con esa soberbia del anciano que reposa triunfante en la Fraga y que hace murmulleantes comentarios al pasar, que parece que te adivina el pensamiento y dice “eu non son para cortar eu son para conservar ata que morra de velliño”. Tradicionalmente en Galicia la selección genética de nuestro pinares, de nuestros carballos, siempre la hizo el maderero. Pero, ¿cómo?: pues cortando los mejores ejemplares y dejando los más retorcidos, los más pequeñitos, aquéllos que no eran rentables.
No sé bien si hemos logrado transmitir a nuestros invitados el espiritu del Bosque pero estoy seguro de que lo que vieron les gustó, les entusiasmaron nuestras costumbres y nuestra forma de proceder.
A eso de las seis de la tarde llegó nuestro amigo Eloy Gómez Taboada, ese amigo que fue compañero desde los tiempos de estudiantes hasta la mili y que vive en Guísamo, pegado a sus cuidadoras a consecuencia de su situación física. Eloy, a pesar de su tremenda minusvalía, que no le permite mover mas que la mirada y señalarle a sus cuidadoras sobre una tablita de abecdario la composición de las palabras, acudió a mi invitación y disfrutó con nosotros de este acto cultural a las siete de la tarde, momento en que dió comienzo la lidia…


Sonaron los clarines y la banda se dispuso en formación de pasodoble. Presidía la corrida la concejala de cultura del Ayuntamiento de Cambre y miembro de la Fundación WFF, doña Arita Prado Arcay, acompañada del veterinario. En el ruedo, el famoso torero Fernando Viscasillas y su compañero de toriles, el diestro Ramón Blanco. Por cierto, ambos robustos y bien bragados, quizás algo grandotes para acometer a los toros de la casa MIHURA que el respetable pudo apreciar en los toriles. Se esperaba una reñida tarde con la presencia en el ruedo del famoso torero de gatos, el discordante Antonio Montero, quién no podía faltar para defender la continuidad de una nueva sección en el ruedo de la mano varonil y experta del crítico taurino Don Wenceslao. El público pudo contemplar como los gatos encerrados, que no se sabe bien por donde escaparon, les dejaron sin los bocadilos, los de todos los que traían sardinas para la merienda en el coso. En el momento de la selección del veterinario, el mejor ejemplar dió un salto situándose en el lugar de salida con especial maestría: nada como unas buenas sardinas para estimular y disponer el cuerpo para la batalla.

Los clarines inician la tarde y se puede decir que la faena del amigo, del gran diestro aún siendo siniestro, alto y con estilo, intenta parececidos con José tomás, por la cercanía al toro, por la belleza de sus verónicas y el colorido de sus manuelinas. Se puede decir que ha tenido una tarde de ensueño. Pocos toreros han sabido torear en una misma tarde diez mihuras de dos metros de largo por ochenta centímetros de ancho y unas astas afiladas, sin callicida. Todo un éxito que celebramos hasta tal punto que su ayudante Ramón lo sacó a hombros de la plaza.
Pero que decir de la faena del torero Montero sin montera: ha tenido una tarde incierta, los gatos son así, no es nada fácil la lidia, son dificiles de lograr, la capa la soportan regular y cuando piensas en una manuelina, resulta que el gato con las uñas se ha quedado enganchado y al giro de la capa lo lanza por el aire encima del público presente en el tendido de Sol. Fue preciso desprenderlo de la mantilla de la señora del boticario. De nuevo situado el animal en el coso, el diestro, después de numerosos intentos dentro de la suerte de matar, se clavó el estoque en el pie izquierdo, teniendo que ser retirado en camilla a la enfermería.
Finalmente, fué aplazada la corrida del gato debido a una invasión de los mismos saltando de cabeza, con peineta española, con el consiguiente altercado en las gradas y los gritos de desesperación de las atildadas damas. La presidencia cerró el espectáculo contemplando, bajo la sabia dirección del maestro veterinario, como el público rechazaba abochornado, pero al mismo tiempo con risotadas espectaculares, de tal forma que no se sabía bien el contenido del mensaje. En otras ocasiones los gatos ha logrado cautivar al público, en esta ocasión no hemos tenido suerte. Otra tarde será.
La noche refrescó y las ideas se han coaligado para continuar con las corridas del Toro, el torero y el gato.
A. Montero