Hace unos días, leyendo un hermoso pasaje de su libro Visiones de Neurastenia, me he reído un rato, hasta tal punto que estaba en la sala de espera de un Hospital y los que estaban al lado, unos chicos jóvenes de Beade (una aldea al lado de Vigo) que habían sufrido un accidente de coche unos días antes y venían a revisión, se interesaron por la lectura. Rápidamente se creó un corro de cinco personas disfrutando con Wenceslao. El tema era sugerente y adaptado al día de hoy, a nuestro tiempo, por nuestras circunstancias: el visible empobrecimiento del día a día, las perversiones en las contrataciones, el engaño del político permanente, del comerciante para mantener su posición y abonar sus impuestos, el encarecimiento de todo tipo de bienes, la desatención municipal a los servicios públicos. Todos estos aspectos quedan bien reflejados en esta narración, que si bien es figurada y puede parecer incluso exagerada, no dudamos en que pronto vendrán los días en que estarán de acuerdo con Wenceslao y conmigo. A saber:
El título del capítulo VIII, dentro del libro Visiones de Neurastenia, es “Donde puede verse que, si todo está mal, todo está bien”. Verán yo creo que ZP estudió en esta obra.

“El Diputado, el comerciante y sus familias están asomados desde hace media hora en los balcones de un cuarto piso, y desde hace media hora gritan desaforadamente solicitando a los transeúntes que llamen a los Bomberos: “¡Fuego!” “¡Fuego!”. Se ha ido reuniendo una multitud frente a la casa. El Comerciante está rojo, porque no hayan aparecido sus dependientes a salvar a un hombre tan valioso. El Diputado está livido, en los primeros instantes agitaba con fuerza sus brazos y mantenía la misma impaciencia que su compañero, mas cuando advirtió allá abajo la presencia del gentío, pellizcó sus blancos puños para hacerlos sobresalir de la manga, extendió una sola manga y clamó: “¡Ciudadanos! : ¡Esta va a ser terrible! ¡El elemento ígneo nos amenaza! Esto es fruto de un loco que nos tiene encerrados y nos amenaza con prender fuego”.
Estimados amigos esto es equivalente a la España actual, un loco nos tiene encerrados y tiene una cerilla en la mano, cerilla que no sabe ni encender y está en un polvorín.
Llegan dos automóviles del servicio de incendios, tocando estrepitosamente las sirenas haciendo retroceder al gentío. Tres hombres penetran en el portal, los otros manipulan convenientemente el equipo.
El Comerciante está a la expectativa de la llegada del rescate, observando por la mirilla. No han llegado aún.
El Diputado: ¡Oye usted los pasos!
El Comerciante: No, no oigo nada. ¡Sí, el ruido del ascensor! Se ha detenido en nuestro piso.
El Diputado: ¡Salen de él!
El Comerciante: Pues no, no sale nadie, que extraño. Pero ¡gran Dios, viene un cadáver en el ascensor!
El Diputado: Pero ¿un cadáver…? ¡Déjeme usted ver!
El Comerciante: Le digo a usted que es un cadáver vestido de bombero. Seguramente de aquellos que aprobaron las oposiciones en el siglo pasado…
Por fin llega otro bombero, resoplando… sudoroso, abre el ascensor, saca a su compañero y comienza a darle aire con su propio casco.
Los vecinos del piso, gritando, golpean la puerta. El bombero gordo y potente les indica que callen, que tengan calma, que su compañero es tísico y le hace daño el humo, pero que enseguida se repondrá y ya les abrirán la puerta. En efecto, de inmediato le apoya contra la puerta y ésta se rompe.
Ya entrados en conversación el Diputado le dice al bombero que ya ha escuchado en un programa de la tele que los bomberos de Madrid eran todos gordos, asmáticos o tuberculosos y recomendados. ¿Es posible que realmente sea así?
El Bombero Gordo le contesta: Mire usted yo soy gordo. ¡Y qué! Si fuese delgado y ágil y fuerte y joven, se lo aseguro a usted, no me dedicaría a subir escaleras. Sería posiblemente torero, o diputado. Lo mismo le ocurriría a mi compañero asmático. Pero ¿y del fuego qué?
El Comerciante: Un pariente que tenemos recogido por caridad ha dejado de percibir el paro, la ayuda familiar, y ya sabe usted… se ha atrincherado en la habitación, donde tenemos almacenados alcoholes de alta graduación y otros productos inflamables, diciendo que iba a incendiar la casa…
El Diputado interviene para aclarar que ya le habían escuchado encender varias cerillas.
El Bombero gordo se asoma a la ventana solicita a sus compañeros la manguera, la agarra, se la entrega al tísico que la sostiene con fuerza, y cuando da la orden de abrirle al agua y él derrumba la puerta, la manguera hace ¡Fffooo¡ ¡Ffo! Ffff! Todos quedan con gran expectación. El bombero gordo dice: “No funciona, como todo en el ayuntamiento, como consecuencia de la presión fiscal del gobierno.”
El Comerciante se pregunta: ¿Entonces?
El bombero gordo dice: Pero si no hay indicios de fuego, aquí todo está bien, acaso los restos de una cerilla pero no prendió, los alcoholes eran malos…
Se oyen ruidos provenientes del patio, del gentío, de carácter horroroso. Era el loco que se había arrojado por una ventana al vacío.
El Comerciante, mientras, olisqueándolo todo por si huele a quemado dice: “No acabo de entender lo sucedido.”
El Diputado al Bombero Gordo. “Más vale así, en efecto, porque si realmente ese desventurado hubiese incendiado la casa. ¿Qué ocurriría? ¡Estremece pensar el abandono en que estamos! Un material inservible, viejo; un personal gordo, asmático y viejo, sin entrenamiento, sin aptitud… ¡Qué horrible catástrofe hubiera podido aniquilarnos! Me quejaré en el Parlamento. ¡Desdichado país! Nada está en él organizado.
Bombero Gordo: ¡Así es señor: nada está en él organizado, gracias a Dios, y a eso debemos la felicidad que disfrutamos y el que no haya ocurrido una catástrofe espantosa! Todo está desorganizado, de acuerdo; todo es mentira. Es mentira la representación parlamentaria de usted, el talento de los ministros, el celo de los administradores, la organización del servicio contra-incendios, la excelencia de los artículos que vende este comerciante. Todo. Y de esta mentira, de esa desorganización general, nace el orden y la posibilidad de seguir subsistiendo.
Verá usted: hemos podido llegar gracias a un fenomenal corte de corriente de fluido eléctrico en semáforos, gracias a problemas en la red de agua la manguera no echó agua y no le estropeamos las alfombras, gracias a la mala calidad de las cerillas y de la falsa calidad de los alcoholes del comerciante el local no prendió fuego, gracias a todo esto el loco se tiró por la ventana y dejó de ser un problema y un gasto social. Finalmente la carestía de las viviendas les obliga a ustedes a vivir en un cuarto piso. Ya ve usted que todo han sido ventajas. Pero como todo funcionaba mal, y el resultado final ha sido bueno, ¿cómo sería bueno si todo funcionara bien, incluso el cerebro del pariente loco? Esto es, créame usted a mí, lo que aún salva la Patria: donde todo está mal pero todo se neutraliza.
Antonio Montero